iStock_000004265165XSmall.jpgEl auge de la figura del editor en los diarios puso a la edición en el centro del quehacer periodístico. Se entendió que la tarea de pensar qué se publica y cómo, la rutina de tomar miles de decisiones sobre lo que merece ser desechado o lo que hay que realzar, era decisiva en cuanto al resultado que iba a obtenerse. Nada había más importante. Ahora uno de los efectos de la revolución digital del siglo XXI es la virtual abolición de la figura del editor. No en los diarios, donde sigue siendo un sujeto insustituible, pero sí en los blogs, los sitios individuales que conformarían, según algunos teóricos, la expresión suprema de un nuevo periodismo “horizontal”.

Hoy se discute, en realidad, si la blogósfera es periodismo o es otra cosa. El blogger se autoedita y eso constituye una ventaja impar, dicen, porque se trata de la libre expresión en estado puro. Los críticos, en cambio, sostienen que el blog no es un medio periodístico sino una bitácora y que hablar allí de autoedición resulta tan inexacto como decir que se autoedita quien escribe en un diario personal lo que le viene en gana.

Aun en el caso de blogs hechos por periodistas profesionales es posible preguntarse si sus producciones, proclamadas como mejor posicionadas frente a la verdad por no tener que lidiar sus autores con los intereses que contaminarían a los grandes medios, mitigan la parcialidad que supone la falta de reglas,ningún blogger está obligado a responder en una crónica a las seis preguntas básicas sobre el suceso ni a consultar múltiples fuentes ni a chequear datos antes de subir sus materiales.